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El espejo mágico

      Bárbara García Santana, 2ºA E.S.O. IES Faro de Maspalomas

Había una vez un mendigo que vagabundeaba por las calles y un buen día se encontró un espejo en un basurero. Era un espejo con un gran marco desteñido que parecía oro. Lo  que más le extraño fue que el vidrio no estaba roto. Nada más tocarlo, el espejo se iluminó con un color rojizo anaranjado.

-¡Buenos días! Gracias por sacarme de allí –dijo el espejo.           

 -AAAHH –el mendigo gritó y pegó un brinco hacia atrás, cayendo a un terraplén unos metros más abajo.

-Pero… ¿cómo puedes hablar? ¡Es imposible! –decía el mendigo.

-Soy un espejo mágico –dijo el espejo iluminando toda la zona en color rojo.

-¿Y qué haces? –preguntó el mendigo tímidamente.

-Saco el lado oscuro de las personas –soltó, de pronto, el espejo.

El mendigo se asustó un poco al oír esas palabras, pero la curiosidad y la avaricia de saber cuánto le podrían pagar por ese espejo podían más que su miedo.

Se lo llevó y se miró en él. Lo que vio era extraño. Se veía a sí mismo robando y perseguido y angustiado, pero algo le llamo la atención: un enorme saco de dinero en la mano.

El mendigo se sintió atraído y comenzó a robar. Meses más tarde ya era un ladrón consumado. Un día se encontró perseguido y angustiado, pero no tenía dinero.

Fue a ver al espejo:

-¡ESPEJO! –gritó con rabia- ¡NO HE CONSEGUIDO LO QUE VI!

-¿Qué viste?-Preguntó el espejo.

-Me vi a mí mismo robando y perseguido, pero con dinero. Y sí, me persiguen, pero no tengo dinero.

-Te dije que sacaba el lado oscuro de las personas; tu lado oscuro era la codicia. Y te la mostré. Pero jamás dije que lo que vieras llegaría a hacerse realidad. Yo solo muestro ese lado oscuro que tenemos todos –dijo el espejo.

El mendigo, lleno de rabia, cogió una gran piedra y se la lanzó al espejo. Al contacto con la piedra el espejo estalló en mil pedazos. Pero lo mismo le ocurrió, al mismo tiempo, al mendigo, que terminó igual que el espejo por su avaricia y codicia.

MORALEJA: La avaricia rompe el saco.  

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